Productividad de exceso
Productividad de exceso
Cuando trabajar más deja de mejorar la vida
Comenzamos este texto con una escena que muchos brasileños conocen en el cuerpo.
La persona se despierta temprano. Organiza la casa. Prepara café. Toma autobús, metro, van, moto, bicicleta, auto o camina. Entra en el flujo de otros cuerpos que también salieron de sus casas. Cada uno lleva una historia, una preocupación, un cansancio, una esperanza, una cuenta por vencer, un niño que cuidar, un anciano que visitar, un sueño guardado.
En ese desplazamiento, incluso antes de que empiece el trabajo, puede aparecer un Jiwasa verdadero.
Lo sentimos cuando el transporte permite dignidad. Cuando existe espacio para respirar. Cuando alguien cede el asiento. Cuando las miradas se reconocen. Cuando el trayecto tiene seguridad, luz, sombra, tiempo humano y una ciudad que funciona. Cuando el cuerpo percibe que se mueve con otros cuerpos dentro de un territorio compartido.
El desplazamiento puede ser sufrimiento.
También puede ser pertenencia.
Todo depende de la forma en que el Estado organiza el territorio.
El trabajo también puede generar Jiwasa verdadero. Lo sentimos cuando los compañeros cooperan, cuando una persona enseña a otra, cuando el equipo resuelve algo junto, cuando existe confianza, cuando el liderazgo sirve al grupo, cuando el ambiente permite rotación, aprendizaje, respeto y creación. En esos momentos, trabajar con otras personas puede ampliar nuestro Cuerpo-Territorio. Sentimos que estamos produciendo algo con sentido.
Pero existe otro tipo de trabajo.
Existe el trabajo que mueve el cuerpo por abstracción. La persona se desplaza, cumple horarios, obedece metas, vende tiempo, entrega energía vital y realiza movimientos que quizá jamás elegiría naturalmente. El cuerpo se mueve menos por deseo vivo y más por necesidad de dinero. La marcación externa del tiempo empieza a dominar los espacios interiores. El reloj de la empresa se superpone al ritmo del cuerpo.
Aquí aparece una diferencia esencial.
Existe Jiwasa verdadero, cuando el cuerpo se mueve con sentido, pertenencia y cooperación real.
Y existe Jiwasa capturado, cuando la fuerza colectiva de los trabajadores se usa apenas para producir valor financiero distante de la vida concreta de quienes trabajan y del territorio donde ocurre la producción.
Trabajar para alguien puede generar valor. Puede sostener familias. Puede crear servicios importantes. Puede producir alimento, tecnología, cuidado, salud, educación, energía e infraestructura. Pero cuando la organización del trabajo captura el cuerpo apenas como pieza de producción, la vida pierde fruición.
La persona recibe salario, pero pierde sueño.
Recibe salario, pero pierde tiempo con sus hijos.
Recibe salario, pero enferma.
Recibe salario, pero ve el territorio siendo destruido.
Recibe salario, pero siente que su fuerza vital sirve a un proyecto que empobrece el mundo donde ella misma vive.
Ese es el drama de la productividad de exceso.
Junta personas, pero puede vaciar el “nosotros”.
Paga salarios, pero puede destruir territorios.
Organiza equipos, pero puede producir miedo.
Crea metas, pero puede quebrar cuerpos.
Genera lucro, pero puede dejar la ciudad más cansada, más endeudada y más distante de sí misma.
Aprendimos a llamar a eso productividad.
Pero quizá sea exceso organizado.
Exceso de exigencia.
Exceso de deuda.
Exceso de desplazamiento.
Exceso de pantalla.
Exceso de meta.
Exceso de miedo.
Exceso de comparación.
Exceso de trabajo sin pertenencia.
Exceso de riqueza saliendo del territorio donde el cuerpo permanece.
La pregunta central nace aquí:
¿qué tipo de productividad debe proteger la Constitución brasileña?
La Constitución habla de los valores sociales del trabajo y de la libre iniciativa. Eso abre una posibilidad hermosa. Trabajo e iniciativa pueden caminar juntos. Empresa y trabajador pueden generar vida juntos. Producción y territorio pueden fortalecerse juntos. Pero, para eso, la productividad necesita medirse por aquello que mejora la vida concreta, y también por aquello que preserva la energía vital de los cuerpos que producen.
La productividad constitucional necesita salir del conteo frío de volumen, lucro y crecimiento bruto. Necesita sentir el cuerpo.
La pregunta cambia.
En vez de preguntar apenas “¿cuánto producimos?”, empezamos a preguntar:
¿esta producción mejoró la vida de la gente en el territorio?
¿Aumentó la salud?
¿Aumentó el tiempo de vida?
¿Aumentó el descanso?
¿Aumentó la vivienda?
¿Aumentó el agua segura?
¿Aumentó la energía limpia?
¿Aumentó el alimento bueno?
¿Aumentó la educación?
¿Aumentó la seguridad?
¿Aumentó la pertenencia?
¿Aumentó la soberanía del municipio?
¿Aumentó la preservación del bioma?
¿Aumentó la autonomía del ciudadano?
¿Aumentó el valor agregado en Brasil y América Latina?
Esta pregunta necesita convertirse en regla de Estado.
La primera propuesta constitucional sería incluir el principio de la Productividad Vital del Cuerpo-Territorio.
Artículo 170-A — El orden económico brasileño observará el principio de la Productividad Vital del Cuerpo-Territorio, entendido como la producción de bienes, servicios, tecnologías, alimentos, energía, datos, conocimiento e infraestructuras capaces de ampliar salud, soberanía, bienestar, pertenencia, regeneración ambiental, valor agregado nacional y tiempo de vida de la población.
En lenguaje simple: producir bien significa producir una vida mejor.
La economía gana sentido cuando fortalece el cuerpo, el territorio y el futuro.
La segunda propuesta sería medir el desarrollo por indicadores que aparecen en la vida real.
Artículo 174-B — La planificación nacional utilizará, además de los indicadores económicos tradicionales, indicadores de bienestar territorial, salud mental, tiempo de desplazamiento, calidad del trabajo, seguridad alimentaria, acceso a vivienda, agua, energía, educación, conectividad, preservación de los biomas, carbono territorial y pertenencia comunitaria.
En lenguaje simple: Brasil necesita medir lo que la población realmente vive.
El país puede registrar crecimiento económico mientras el cuerpo pierde sueño.
Puede aumentar la producción mientras el bosque cae.
Puede aumentar la exportación mientras la ciudad pierde agua.
Puede aumentar el lucro mientras la familia pierde tiempo de vida.
Por eso proponemos el PIP: Producto Interno de Pertenencia.
El PIP mide aquello que aumenta la vida concreta en el territorio: vivienda, agua, luz, salud, alimento, educación, energía limpia, datos seguros, bioma vivo, menor tiempo de desplazamiento, trabajo saludable, ingreso estable, cuidado de niños y ancianos, seguridad antes de la tragedia, cultura, ciencia y pertenencia.
La tercera propuesta sería proteger el trabajo contra formas predatorias de organización.
Artículo 7-A — El trabajo, en todas sus formas, deberá respetar la salud física, mental, familiar y territorial de la persona, vedadas las formas de organización productiva que generen agotamiento sistemático, enfermedad colectiva, humillación, inseguridad extrema, exposición abusiva a jornadas excesivas o transferencia permanente de riesgos económicos al trabajador.
En lenguaje simple: la productividad necesita caber dentro de la vida.
El cuerpo brasileño puede trabajar con dignidad, descanso, cooperación y posibilidad de futuro. El trabajo puede ser lugar de aprendizaje y creación, y también necesita protección contra liderazgos predatorios que transforman el mando en placer de dominación.
Toda organización productiva crea clima emocional.
Existe clima que abre confianza.
Existe clima que cierra el cuerpo.
Existe liderazgo que organiza el grupo.
Existe liderazgo que captura el grupo.
Existe mando que sirve al objetivo común.
Existe mando que extrae placer de la sumisión de los otros.
Una Constitución Cuerpo-Territorio necesita reconocer que el ambiente de trabajo también es territorio.
La cuarta propuesta sería vincular incentivos públicos al beneficio real en el territorio.
Artículo 170-B — Empresas, sectores o actividades que reciban subsidios, incentivos, crédito público, renuncias condicionadas o apoyo estatal deberán demostrar beneficio concreto al Cuerpo-Territorio impactado, incluyendo generación de trabajo saludable, valor agregado nacional, protección ambiental, innovación, formación técnica, mejora local y trazabilidad del recurso público.
En lenguaje simple: quien recibe apoyo del Estado necesita devolver vida concreta al territorio.
La quinta propuesta sería estimular una economía de alto valor para Brasil y América Latina.
Artículo 219-C — El Estado fomentará cadenas productivas estratégicas orientadas a las necesidades brasileñas y latinoamericanas, incluyendo energía limpia, producción de alimentos saludables, mantenimiento de servidores y centros de datos, inteligencia artificial pública, salud, educación, saneamiento, reforestación, tecnologías del agua, carbono territorial, biomas vivos y soberanía digital.
En lenguaje simple: Brasil puede producir lo que realmente necesitamos, con más valor agregado, más tecnología, más soberanía y más cuidado territorial.
Aquí la productividad deja de ser carrera ciega.
Se vuelve dirección.
Producir energía limpia para alimentar casas, escuelas, hospitales, agricultura, servidores y ciudades inteligentes.
Producir alimentos con tecnología, suelo vivo, agua protegida y valor local.
Mantener centros de datos y servidores con soberanía digital, seguridad y energía renovable.
Desarrollar IA pública para salud, educación, planificación territorial y transparencia.
Reforestar para generar carbono, agua, clima, ingreso y pertenencia.
Crear servicios de alto valor para Brasil y América Latina.
Transformar excedentes en conocimiento, tecnología, cuidado, cultura y soberanía.
La sexta propuesta sería colocar el tiempo de vida como valor constitucional.
Artículo 6-B — El Estado reconocerá el tiempo de vida, el descanso, el cuidado familiar, la convivencia comunitaria, la salud mental y la fruición cultural como dimensiones esenciales del bienestar del Cuerpo-Territorio.
En lenguaje simple: vivir bien también es tener tiempo para existir.
Tiempo para respirar.
Tiempo para cuidar a los hijos.
Tiempo para mirar el cielo.
Tiempo para aprender.
Tiempo para dormir.
Tiempo para visitar a la madre.
Tiempo para cocinar.
Tiempo para caminar por el barrio.
Tiempo para sentir que la vida pertenece al cuerpo.
La productividad de exceso roba tiempo existencial.
Y cuando roba tiempo, roba conciencia.
Cuando roba conciencia, roba participación.
Cuando roba participación, debilita la democracia.
Cuando debilita la democracia, abre espacio para la captura.
Por eso este texto habla de productividad y también habla de soberanía.
Un pueblo agotado participa menos.
Un cuerpo endeudado acepta más humillación.
Una familia sin vivienda vive en supervivencia.
Un trabajador sin tiempo pierde pertenencia.
Una ciudad sin bioma pierde futuro.
Un país que mide apenas crecimiento puede olvidar la vida.
Jiwasa ayuda a recolocar la vida en el centro.
Trabajamos para vivir.
Producimos para cuidar.
Creamos tecnología para liberar tiempo.
Organizamos la economía para fortalecer el territorio.
Medimos productividad por aquello que aumenta bienestar, soberanía y futuro.
Brasil tiene una potencia enorme. Tiene sol, agua, viento, bosque, suelo, biodiversidad, juventud, creatividad, ciencia, agricultores, ingenieros, profesores, investigadores, artistas, pueblos originarios, trabajadores y una latinidad viva capaz de crear soluciones para el mundo.
La productividad vital nace cuando esa potencia encuentra dirección constitucional.
La pregunta deja de ser apenas: ¿cuánto dinero circuló?
La pregunta se vuelve:
¿cuánto cuerpo quedó más saludable?
¿cuánto territorio quedó más fuerte?
¿cuánta agua fue protegida?
¿cuánta energía limpia fue creada?
¿cuánto alimento bueno llegó a la mesa?
¿cuánto tiempo de vida fue devuelto?
¿cuánto bosque quedó de pie?
¿cuánto conocimiento permaneció en Brasil?
¿cuánto valor agregado permaneció en América Latina?
¿cuánta soberanía nació en el Cuerpo-Territorio?
Podemos mejorar la Constitución para que el trabajo sea más que supervivencia y la economía sea más que extracción.
La Constitución Cuerpo-Territorio puede afirmar que el crecimiento económico necesita caber dentro de la vida.
Productividad de exceso hace que el cuerpo corra hasta olvidar por qué corre.
Productividad vital hace que el cuerpo camine con sentido, pertenencia y futuro.
Cuando trabajar más mejora la vida de la gente, existe Jiwasa.
Cuando producir más fortalece el territorio, existe Jiwasa.
Cuando el desplazamiento permite un encuentro digno entre cuerpos, existe Jiwasa.
Cuando los compañeros de trabajo cooperan con confianza, existe Jiwasa.
Cuando el liderazgo rota, escucha y sirve al grupo, existe Jiwasa.
Cuando el tiempo vuelve al cuerpo, existe Jiwasa.
Cuando la economía protege agua, alimento, energía, datos, bosque, salud, educación y descanso, existe Jiwasa.
Podemos transformar productividad en energía vital.
Y quizá este sea uno de los cambios constitucionales más importantes de nuestro tiempo: medir Brasil por la vida que consigue sostener, y también por la vida que deja florecer.
Referencias y bases para profundizar
Organización Mundial de la Salud — burnout como fenómeno ocupacional relacionado con el estrés crónico en el trabajo.
Organización Internacional del Trabajo y Organización Mundial de la Salud — largas jornadas asociadas a mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y ACV.
Agência Brasil y Previdencia Social — crecimiento de los afastamientos laborales por trastornos mentales y comportamentales en Brasil.
IBGE — informalidad, trabajo por cuenta propia, ingreso, empleo y condiciones del mercado laboral brasileño.
Bruce McEwen — carga alostática y costo fisiológico del estrés crónico.
Antonio Damasio — cuerpo, homeostasis, sentimiento, decisión y conciencia.
Amartya Sen y Martha Nussbaum — libertad como capacidad real de ser y hacer.
Elinor Ostrom — gobernanza de bienes comunes y organización colectiva alrededor de recursos compartidos.
Pensamiento Cuerpo-Territorio y saberes de pueblos originarios — territorio como vida, cuidado, pertenencia y continuidad.