Jackson Cionek
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Quién puede formar el Jiwasa?

Quién puede formar el Jiwasa?

Diferentes cuerpos, ritmos y formas de aprender

La música comienza.

Algunas personas reconocen el ritmo inmediatamente. Otras necesitan observar antes de moverse. Una persona baila de pie; otra, sentada. Alguien sigue el sonido; otra persona percibe las vibraciones, los gestos o el desplazamiento de los cuerpos en el espacio.

Si consideramos solamente a quienes realizan el movimiento esperado, clasificaremos rápidamente quién logró acompañar y quién quedó atrás.

Pero tal vez la pregunta más importante sea otra:

¿Puede el colectivo aprender de quienes participan de una manera diferente?

El Jiwasa no puede estar formado únicamente por personas jóvenes, entrenadas, sin discapacidad y capaces de seguir el ritmo dominante.

Debe incluir a quienes perciben, aprenden, se comunican y se mueven de otras maneras.

Quien hoy necesita más tiempo puede orientar al colectivo mañana

En la escuela suele existir un estudiante que necesita más tiempo para comprender.

Pregunta nuevamente.

Interrumpe el ritmo de la clase.

Necesita otra explicación.

Con una expresión popular poco cuidadosa, alguien podría decir que ese estudiante está “arrastrando una cadena”.

Pero tal vez esté revelando una dificultad creada por el propio camino.

Hoy necesita que el colectivo reduzca la velocidad.

Mañana puede ser la persona que formule la pregunta necesaria para que todos comprendan mejor.

Quien parece retrasar al grupo puede estar mostrando dónde el grupo todavía no aprendió a enseñar.

Esto no significa negar dificultades reales, diagnósticos o necesidades de apoyo.

El autismo, la dislexia, el TDAH y las discapacidades motoras, sensoriales o intelectuales pueden requerir adaptaciones, acompañamiento especializado y políticas públicas.

La clasificación puede ayudar a garantizar derechos.

El problema comienza cuando deja de abrir caminos y empieza a determinar de antemano quién será una persona, qué podrá aprender y cuánto podrá contribuir.

La neurodiversidad nos invita a cambiar la pregunta.

En lugar de preguntar solamente:

“¿Qué no puede hacer esta persona?”

podemos preguntar:

“¿Qué necesita cambiar en la relación entre la persona, la tarea y el ambiente?”

El conocimiento también necesita salir de su ritmo dominante

El mismo problema aparece en la ciencia.

Cada área desarrolla su propio lenguaje.

La neurociencia habla de aferencia, interocepción y funciones ejecutivas.

La pedagogía habla de mediación, aprendizaje y currículo.

La antropología habla de territorio, relaciones y modos de existencia.

La danza habla de presencia, peso, pausa, dirección y gesto.

Estos lenguajes son importantes porque ofrecen precisión. Pero también pueden encerrar a los investigadores dentro de sus propios campos.

Cada área puede encontrar respuestas muy buenas para las preguntas que ya sabe formular. Así, puede permanecer en un óptimo local: una solución eficiente dentro de sus límites, pero incapaz de percibir otras posibilidades cercanas.

El Jiwasa científico comienza cuando diferentes áreas consiguen traducir sus preguntas sin borrar sus diferencias.

La neurociencia puede preguntar cómo cambia la atención.

La pedagogía puede investigar cómo aprende alguien.

La antropología puede preguntar qué relaciones hacen posible ese aprendizaje.

La coreografía puede experimentar cómo el espacio, el tiempo y el movimiento modifican la participación.

La persona participante puede describir cómo vivió la experiencia.

Ninguna de estas respuestas es suficiente por sí sola.

La traducción entre saberes no debilita la ciencia.
Aumenta la cantidad de preguntas que la ciencia puede formular.

Esta traducción es necesaria porque todas las áreas dependen de la enseñanza y del aprendizaje.

Los científicos necesitan aprender de los participantes.

Los docentes aprenden de los estudiantes.

Los coreógrafos aprenden de diferentes cuerpos.

Las instituciones necesitan aprender de quienes todavía no consiguen incluir mediante sus normas.

Aprender no pertenece a una sola edad

Las escuelas modernas suelen separar a las personas por edad.

Esta organización puede facilitar la planificación y permitir actividades adecuadas para distintas etapas del desarrollo.

Pero no es la única forma posible de aprender.

Fuera de la escuela, niños, jóvenes, adultos y personas mayores participan del mismo mundo.

Un niño formula preguntas que los adultos dejaron de hacer.

Un joven comprende una nueva tecnología.

Una persona adulta organiza recursos.

Una persona mayor reconoce continuidades y consecuencias que los demás todavía no perciben.

Entre diferentes pueblos originarios, el aprendizaje puede ocurrir mediante la convivencia, el territorio, el cuidado, la observación y la participación en actividades colectivas. No existe una única pedagogía indígena, y estos conocimientos no deben transformarse en una fórmula universal.

Su contribución consiste en mostrar que aprender no necesita significar reunir a personas de la misma edad, en el mismo lugar, realizando la misma tarea y obedeciendo el mismo ritmo.

Un Jiwasa intergeneracional permite que las funciones circulen.

Quien enseña ahora puede aprender después.

Quien necesita ayuda en una tarea puede conducir la siguiente.

El liderazgo circula porque el conocimiento necesario también cambia.

El Jiwasa no es sincronía obligatoria

En la danza, muchos cuerpos realizando el mismo movimiento pueden crear una imagen poderosa.

Pero la sincronización no es lo mismo que la inclusión.

Un grupo puede ejecutar una coreografía perfecta y, aun así, excluir a todos los cuerpos que no pueden o no desean reproducirla.

Dentro de la hipótesis BrainLatam, el Jiwasa es un “nosotros” que no exige la desaparición del “yo”.

Por eso, participar no significa necesariamente realizar el mismo gesto.

Una persona puede bailar sentada.

Otra puede seguir señales visuales.

Alguien puede necesitar silencio.

Otra persona puede preferir no tocar ni ser tocada.

La comunicación puede ocurrir mediante el habla, la escritura, la lengua de señas, la tecnología, la mirada o gestos acordados por el grupo.

Estas diferencias no son adaptaciones periféricas añadidas a una danza ya terminada.

Pueden transformar aquello que el colectivo entiende por danza.

Incluir no significa acercar a todos al cuerpo considerado normal.
Significa permitir que diferentes cuerpos transformen la propia norma.

El mismo principio se aplica a la educación y a la investigación.

El estudiante no necesita imitar al alumno ideal.

La persona participante de una investigación no necesita producir el dato esperado.

Una persona mayor no necesita moverse como alguien joven.

Una respuesta diferente puede no ser un error.

Puede ser una información que el método todavía no sabía reconocer.

Diplomacia antes de la clasificación

BrainLatam propone la idea de Diplomacia Brasileña como una forma de cuidado antes de la clasificación automática.

Diplomacia no significa evitar conflictos ni afirmar que todo es igual.

Significa no decidir demasiado pronto:

quién sabe;

quién no sabe;

quién enseña;

quién retrasa;

quién conduce;

quién debería limitarse a seguir.

Antes de clasificar a una persona como problema, el colectivo puede preguntar:

“¿Qué intenta enseñarnos esta diferencia?”

Esta pregunta no elimina las responsabilidades de docentes, investigadores, terapeutas o gestores.

Un colectivo no se autorregula mágicamente por ser diverso.

Los grupos también pueden excluir, humillar y proteger comportamientos violentos.

Para que pueda surgir alguna forma de corregulación, son necesarias ciertas condiciones: seguridad, accesibilidad, mediación, consentimiento, derecho a la pausa y libertad para discrepar.

La diversidad ofrece información.

Pero el colectivo necesita aprender a recibirla.

Circulación de los liderazgos

En el Jiwasa, el liderazgo no es una propiedad permanente.

Quien conoce el espacio puede orientar el desplazamiento.

Quien percibe una sobrecarga puede pedir una pausa.

Una persona que utiliza silla de ruedas puede descubrir trayectorias que los demás nunca imaginaron.

Quien necesita silencio puede revelar cuánto ruido estaba siendo tratado como normal.

Quien tardó más en aprender puede descubrir una forma más clara de enseñar.

Esto no significa que todas las personas tengan la misma responsabilidad.

El docente continúa siendo responsable del proceso educativo.

El investigador continúa siendo responsable del método.

El coreógrafo continúa siendo responsable de sus decisiones artísticas.

La circulación del liderazgo significa reconocer que estas posiciones no contienen toda la percepción disponible.

Nadie percibe todo durante todo el tiempo.

Por eso, conducir también exige aprender de quienes están siendo conducidos.

Los datos también necesitan aprender a incluir

Las investigaciones sobre danza, educación o neurodiversidad pueden registrar movimiento, frecuencia cardíaca, EEG, fNIRS, desempeño y comportamiento.

Estas mediciones pueden ayudar a responder preguntas importantes.

Pero ningún dato aislado puede definir quién pertenece al colectivo.

Una persona con menor sincronización puede estar cansada, protegiéndose de una sobrecarga o participando de otra manera.

Tal vez el equipo no fue diseñado para reconocer su movimiento.

Tal vez la diferencia registrada sea el descubrimiento más importante.

La soberanía de los datos exige que participantes y comunidades sepan qué se está midiendo, quién podrá acceder, cómo serán interpretados los registros y qué beneficios regresarán a quienes produjeron esa información.

Los datos no deberían salir de una persona y regresar únicamente como clasificación.

Deben regresar como comprensión, protección y posibilidad de elección.

¿Quién puede formar el Jiwasa?

La música continúa.

Una persona acompaña rápidamente.

Otra necesita tiempo.

Una baila.

Otra observa.

Una conduce ahora.

Otra conducirá después.

El Jiwasa no existe porque todos aprendieron lo mismo.

Comienza cuando el colectivo consigue aprender de aquello que todavía no comprende.

¿Quién puede formar el Jiwasa?

Quien enseña.

Quien aprende.

Quien hace ambas cosas al mismo tiempo.

Quien acompaña el ritmo.

Quien revela que tal vez sea necesario crear otro ritmo.

Quien hoy parece “arrastrar una cadena”, pero puede estar mostrando que la cadena está unida al propio camino.

Un Jiwasa más inclusivo no pide que todas las áreas abandonen sus lenguajes.

Les pide que atraviesen sus fronteras.

Para que una pregunta de la danza pueda llegar a la neurociencia.

Un descubrimiento de la antropología pueda transformar la pedagogía.

Una experiencia educativa pueda inspirar un experimento.

Y la persona estudiada deje de ser solamente un objeto para convertirse en participante de la creación del conocimiento.

Un colectivo no se vuelve más inteligente cuando todos llegan a la misma respuesta.
Se vuelve más inteligente cuando puede aprender de diferentes maneras de formular preguntas.

En el texto anterior defendimos que nadie debería entregar sus sentimientos para demostrar que pertenece.

Ahora avanzamos hacia otra libertad:

Nadie debería abandonar su manera de percibir, aprender o participar para ser reconocido como parte del colectivo.


Referencias y sus contribuciones

PRECIADO JIMENEZ, Susana Aurelia et al. The Dynamic Interplay Between Students and Staff in Enhancing Inclusion in Higher Education in Latin America. 2023.
Contribución: presenta enfoques colaborativos que sustituyen modelos centrados exclusivamente en el déficit por ambientes construidos con la participación de estudiantes neurodivergentes.

QUILAQUEO, Daniel; TORRES, Héctor. School Contextualization with Indigenous Groups’ Socio-Educational Methods and Pedagogies. 2024.
Contribución: defiende el diálogo entre la escuela y los conocimientos socioeducativos Mapuche, sin reducir la inclusión a la incorporación de contenidos indígenas dentro de estructuras coloniales sin cambios.

CALDERÓN, Dora Inés; BLANCO VEGA, María de Jesús; LEÓN SUÁREZ, Juliana Patricia. Danza inclusiva con personas sordas: un estado de la cuestión. 2022.
Contribución: muestra que el sonido y la audición no deben ser tratados como las únicas puertas de entrada al ritmo, el movimiento y la danza.

DELABARY, Marcela dos Santos et al. Brazilian Dance Self-Perceived Impacts on Quality of Life of People with Parkinson’s. 2024.
Contribución: valora la experiencia en primera persona de participantes mayores y de personas con Parkinson, sin transformar los beneficios relatados en evidencias universales.

TORINO, Emanuelle et al. Principios CARE para la gobernanza de datos de pueblos indígenas. 2024.
Contribución: fundamenta el beneficio colectivo, la autoridad, la responsabilidad y la ética en el uso de datos, inspirando preguntas sobre la participación comunitaria en la producción científica.

EDU O. et al. Nunca Mais Abismos. 2023.
Contribución: muestra cómo artistas con discapacidad y recursos de accesibilidad pueden participar de la propia creación y lenguaje de la obra, en lugar de aparecer como adaptaciones posteriores.

BRAINLATAM; CIONEK, Jackson. Jiwasa: aprendiendo y enseñando en un Yo Colectivo.
Contribución: propone que aprender, enseñar y conducir sean funciones circulantes, sin presentar la autorregulación colectiva como un mecanismo automáticamente garantizado.

BRAINLATAM; CIONEK, Jackson. Diplomacia Brasileña.
Contribución: propone aplazar las clasificaciones automáticas para que las diferencias puedan ser investigadas como información sobre personas, relaciones, ambientes y métodos.

La frase central queda así:

El Jiwasa no es un colectivo en el que todos aprenden de la misma manera, sino uno capaz de aprender de diferentes formas de aprender.





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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States