¿Y si la confusión fuera el momento en que empezamos a pensar diferente?
¿Y si la confusión fuera el momento en que empezamos a pensar diferente?
Cuando aquello que siempre funcionó deja de funcionar, quizá el problema no sea el cuerpo, sino el modelo que está utilizando para atravesar un nuevo territorio
Imagina a una persona frente a algunas líneas de código.
Para la computadora, no hay ningún problema.
El código es sintácticamente correcto.
Puede ejecutarse.
Pero, para quien intenta comprenderlo, algo resulta extraño.
La estructura sugiere una interpretación, mientras que su funcionamiento real exige otra.
El programador vuelve a mirar.
Quizá retrocede algunas líneas.
Reorganiza mentalmente lo que acaba de leer.
Y trata de construir una interpretación diferente.
Fue precisamente ese pequeño instante de confusión el que Annabelle Bergum y sus colegas investigaron en un estudio publicado en 2026 en Scientific Reports.
La pregunta de los investigadores era específica:
¿qué ocurre en el procesamiento cerebral cuando un programador encuentra un fragmento de código correcto para la máquina, pero potencialmente confuso para el ser humano?
La respuesta abre una pregunta mucho más amplia para BrainLatam.
Tal vez la confusión no sea solamente aquello que ocurre cuando no sabemos.
Tal vez, algunas veces, sea el instante en que aquello que sabíamos deja de ser suficiente.
Un código correcto que puede confundir
Bergum y sus colegas trabajaron con lo que la literatura de programación denomina “atoms of confusion”: pequeños patrones de código que funcionan correctamente, pero cuya estructura puede llevar a los programadores a interpretaciones equivocadas.
Los investigadores presentaron fragmentos de código Java en versiones confusas y en versiones equivalentes más fáciles de interpretar.
Los participantes podían leer los códigos libremente, en lugar de recibir cada elemento de manera aislada.
Ese detalle es importante.
En una lectura natural, cada persona llega al punto problemático en un momento diferente.
Por eso, registrar únicamente el EEG desde el instante en que el código aparece en la pantalla no sería suficiente para saber exactamente cuándo ocurrió el encuentro con la información confusa.
Los investigadores combinaron entonces EEG y eye-tracking.
El movimiento de los ojos permitía identificar la primera fijación sobre la región crítica del código.
A partir de ese instante, calcularon los potenciales relacionados con la fijación —FRPs—.
Participaron 24 personas, que analizaron fragmentos de código con o sin estos “átomos de confusión”.
Los resultados conductuales ya mostraban una diferencia clara.
Los códigos confusos requerían más tiempo para ser comprendidos, producían menos respuestas correctas y eran considerados fáciles con menor frecuencia.
Pero algo también ocurría en el EEG.
Aproximadamente 400 milisegundos después
Cuando los participantes fijaban por primera vez la mirada en la región que contenía el elemento confuso, aparecía una positividad frontal tardía significativamente mayor, especialmente entre aproximadamente 390 y 660 milisegundos, en comparación con el código equivalente y más claro.
Los investigadores observaron una semejanza interesante con fenómenos descritos durante la comprensión del lenguaje natural.
Palabras inesperadas, pero todavía plausibles dentro de una frase, también pueden exigir que una persona actualice aquello que estaba construyendo mentalmente sobre una situación.
Los autores proponen que algo semejante puede estar ocurriendo con el código:
la información encontrada no es imposible.
No es simplemente un error.
Pero no coincide con el modelo que se estaba utilizando hasta ese momento.
Por eso, el modelo necesita ser actualizado.
Y aquí termina la conclusión del estudio.
A partir de aquí comienza nuestra pregunta.
¿Y si la confusión fuera necesaria para percibir que el modelo ya no funciona?
En la vida cotidiana solemos tratar la confusión como un problema.
La persona que sabe parece segura.
La persona que no sabe está confundida.
Pero quizá existan diferentes formas de confusión.
Existe la confusión porque falta información.
Existe la confusión porque algo resulta incomprensible.
Pero quizá exista también una tercera:
la confusión que aparece cuando encontramos un mundo en el que nuestro modelo anterior ya no funciona de la misma manera.
En ese caso, confundirse no sería necesariamente fracasar.
Podría ser una señal:
“Detente. El movimiento que habías preparado quizá ya no sea suficiente para aquello que encontraste.”
Y esta pregunta puede ir mucho más allá de la programación.
El migrante y los cuatro Biomas
Imagina a un migrante realizando una larga travesía.
Primero necesita atravesar una gran selva.
Allí, determinado repertorio puede ser extremadamente valioso.
Un machete.
Conocimiento de los caminos.
Ropa apropiada.
Formas específicas de conseguir alimento.
Saberes transmitidos por su cultura.
Una manera de interpretar sonidos, plantas, peligros y orientación.
Su cuerpo aprende aquel territorio.
Luego llega a una región de grandes lagos.
El machete sigue existiendo.
Pero quizá un bote pase a ser mucho más importante.
Aquello que era indispensable en el territorio anterior puede dejar de ocupar el centro de las posibilidades.
Después viene el desierto.
El bote que permitía atravesar el lago ahora puede convertirse en peso.
Otra ropa se vuelve necesaria.
Otra manera de organizar el agua.
Otro ritmo de desplazamiento.
Otra forma de reconocer el peligro.
Después aparecen los Andes.
Y nuevamente cambia el territorio.
Altitud.
Pendiente.
Temperatura.
Distancias.
La manera de caminar.
Pero el cuerpo que atraviesa estos paisajes tampoco es abstracto.
Tiene edad.
Fuerza.
Historia.
Limitaciones.
Aprendizajes.
Una niña, un joven y una persona mayor no atraviesan necesariamente el mismo territorio disponiendo del mismo repertorio de movimientos posibles.
Y no transportamos solamente tecnologías materiales.
También cargamos:
lenguaje.
cultura.
creencias.
memorias.
formas de cooperación.
formas de interpretar el peligro.
formas de reconocer caminos.
También son herramientas construidas a lo largo de la historia de un Cuerpo-Territorio.
Una herramienta puede dejar de ser una herramienta
Esto produce una pregunta fundamental:
¿cuándo aquello que nos ayudó a sobrevivir en un territorio empieza a dificultar nuestro paso por el siguiente?
El machete no se volvió “equivocado”.
El bote no se volvió “equivocado”.
El repertorio anterior no era inútil.
Tenía una historia y una función.
El problema aparece cuando una herramienta construida para un territorio continúa siendo utilizada como si el territorio no hubiera cambiado.
Tal vez algo parecido ocurra con determinadas creencias.
Hábitos.
Estrategias.
Identidades.
Modelos mentales.
Formas de trabajar.
Formas de enseñar.
Formas de gobernar.
Aquello que resolvió un problema en el pasado puede volverse insuficiente frente a una realidad diferente.
Y quizá la confusión sea precisamente una de las primeras señales de esa incompatibilidad.
¿Dónde entra la Zona 2?
Bergum y sus colegas no estudiaron la Zona 2.
La positividad frontal observada en el estudio no es un marcador de Zona 2.
Es importante decirlo con claridad.
Zona 2 es una hipótesis conceptual de BrainLatam.
Llamamos Zona 2 a una condición en la que el organismo consigue crear espacio para la Frución, la Metacognición y la criticidad, percibiendo aquello que está haciendo antes de limitarse a continuar reproduciendo el mismo movimiento.
La pregunta que el estudio nos permite formular es:
cuando una expectativa falla, ¿podemos utilizar ese instante para percibir el propio modelo que está fallando?
Porque existen, al menos, dos respuestas posibles frente a la confusión.
Una es insistir.
Intentar hacer que el nuevo territorio encaje dentro del antiguo modelo.
La otra es preguntar:
“¿Qué estoy utilizando para interpretar esto?”
Esa segunda pregunta es profundamente metacognitiva.
No pregunta solamente:
“¿Qué está ocurriendo?”
También pregunta:
“¿Cómo estoy intentando comprender aquello que está ocurriendo?”
La confusión no es automáticamente transformación
Necesitamos hacer otra distinción.
Encontrar algo inesperado no significa que una persona necesariamente reflexionará sobre ello.
Podemos rechazar la información.
Ignorarla.
Quedar paralizados.
Regresar rápidamente al modelo anterior.
Buscar solamente información que confirme aquello en lo que ya creíamos.
Por lo tanto:
la confusión no es Zona 2.
Pero quizá pueda crear una oportunidad para la Zona 2.
El momento en que el modelo deja de explicar perfectamente la experiencia puede abrir una pequeña ventana:
¿seguir repitiendo?
¿o detenerse a observar?
La pregunta latinoamericana
América Latina quizá conozca muy bien este problema.
Con frecuencia utilizamos modelos económicos, educativos, urbanos, tecnológicos o políticos construidos en otros territorios y preguntamos por qué no producen exactamente los mismos resultados aquí.
Pero ¿y si necesitamos invertir la pregunta?
¿Ese modelo consigue percibir el territorio en el que está intentando funcionar?
¿Una tecnología creada para una gran metrópolis puede comprender una comunidad amazónica?
¿Una política diseñada únicamente a partir del ingreso puede comprender diferentes condiciones territoriales?
¿Una escuela organizada alrededor de una sola lengua puede reconocer otras formas de producir conocimiento?
¿Una ciudad proyectada para determinado tipo de cuerpo considera a niñas y niños, personas mayores, personas con discapacidad o personas que necesitan recorrer grandes distancias?
Tal vez algunas de nuestras mayores confusiones institucionales aparezcan cuando intentamos atravesar un nuevo Bioma cargando exclusivamente las herramientas del anterior.
Donde termina el artículo y comienza BrainLatam
Bergum y sus colegas mostraron que fragmentos de código confusos, aunque válidos para la computadora, producen mayor dificultad conductual y una positividad frontal tardía después de la primera mirada hacia la región crítica.
Los autores relacionan este fenómeno con la necesidad de actualizar un modelo de la situación frente a información inesperada, pero plausible.
Hasta aquí:
Bergum y sus colegas.
A partir de aquí:
BrainLatam.
Nuestra hipótesis no es que la confusión sea necesariamente conciencia o metacognición.
Nuestra pregunta es:
¿percibir que nuestro modelo dejó de funcionar puede crear las condiciones necesarias para que otro movimiento se vuelva posible?
Y entonces podemos volver al experimento.
¿Qué ocurre cuando el participante consigue resolver la incongruencia?
¿Qué ocurre cuando insiste en el modelo anterior?
¿Qué sucede cuando recibe tiempo para reflexionar sobre su propio error?
¿Podrían EEG y eye-tracking distinguir esos momentos?
¿La respuesta fisiológica cambia cuando la persona simplemente corrige el problema y cuando consigue explicar por qué su interpretación anterior falló?
Tal vez sea posible estudiar no solamente cuándo un organismo encuentra algo inesperado.
Sino también cuándo logra transformar ese extrañamiento en una nueva manera de percibir.
Porque quizá la inteligencia no consista en cargar siempre con la mejor herramienta.
Tal vez consista en percibir cuándo esa herramienta dejó de ser la mejor para el territorio que tenemos delante.
Y eso vale para un código.
Para un migrante.
Para una cultura.
Y quizá también para un Estado.
Neuro Desafío Latam
Imagina que mañana necesitas atravesar un territorio completamente diferente de aquel en el que aprendiste a vivir.
¿Qué conocimiento llevarías contigo y qué necesitarías estar dispuesto a abandonar para poder percibir los nuevos movimientos que ese territorio exige?
Referencia científica
Bergum, A., Maurer, A.-M., Peitek, N., Bader, R., Mecklinger, A., Demberg, V., Siegmund, J., & Apel, S. (2026). Fixation-related potentials reveal that confusing program code elicits a late frontal positivity. Scientific Reports, 16, 16833. https://doi.org/10.1038/s41598-026-50946-9