Jackson Cionek
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Ver el Territorio Como Cuerpo: APUS, Pueblos Originarios y Neurociencia Decolonial

Ver el Territorio Como Cuerpo: APUS, Pueblos Originarios y Neurociencia Decolonial

Tal vez la pregunta más importante para la Neurociencia Decolonial no sea solo: “¿qué percibe el cerebro?”
La pregunta más profunda es: ¿desde dónde aprende el cuerpo a percibir?

En la escuela, la ciencia y la política moderna, muchas veces tratamos el territorio como un espacio externo: un mapa, una propiedad, un área administrativa o un recurso natural. Pero, para muchos pueblos originarios de América Latina, el territorio no es escenario. Es cuerpo, memoria, lengua, sueño, alimento, ritual, parentesco y continuidad de la vida.

Aquí entra APUS: el cuerpo más allá de la piel. APUS es propiocepción extendida, la capacidad del cuerpo de sentir montaña, agua, selva, casa, calle, viento, calor, lengua y comunidad como parte de su orientación en el mundo.

Ver el territorio como cuerpo no es una metáfora débil. Es una forma de inteligencia. Es reconocer que el cuerpo no se forma solo dentro de la cabeza. Se forma en relación con el suelo, el agua, la lengua, los sueños y los seres que habitan el mismo mundo.

En debates latinoamericanos recientes, el cuerpo-territorio aparece como categoría cosmopolítica, especialmente en las luchas de mujeres indígenas en Brasil. Expresa la relación inseparable entre pueblo y territorio, y denuncia formas de despojo que transforman cuerpos y tierras en objetos de explotación.

Esto es central para adolescentes. Cuando una persona joven pierde territorio, no pierde solo un paisaje. Pierde referencias corporales de pertenencia. Pierde suelo, ritmo, memoria y futuro. La ansiedad, la hiperestimulación y la sensación de vacío no nacen solo “dentro” del individuo. Muchas veces son efectos de un APUS herido.

La cosmovisión Wixárika ayuda a comprender esto. Estudios recientes sobre prácticas, lenguaje y territorio Wixárika muestran que las culturas orales no pueden reducirse a mapas escritos o categorías externas. Johannes Neurath discute la dificultad de catalogar lo “intraducible” y observa que los Wixárika y pueblos vecinos, por ser culturas orales, suelen desconfiar del lenguaje escrito como forma suficiente de representar sus mundos.

Esto importa profundamente para la Neurociencia Decolonial: no todo conocimiento cabe en palabras escritas, tablas o protocolos. Algunos conocimientos viven en el cuerpo, el ritual, el camino, la repetición, el canto, el sueño y la relación con el territorio. Cuando la ciencia ignora esto, puede medir el cerebro, pero pierde el mundo que formó ese cerebro.

Los Lacandones de México también amplían esta lectura. Investigaciones colaborativas de largo plazo con los Lacandon Maya en Mensabak, Chiapas, muestran la importancia de estudiar prácticas culturales, paisajes rituales, vida contemporánea y desarrollo comunitario en diálogo con los propios miembros de la comunidad, y no como objetos externos de investigación.

Aquí aparece una regla ética fundamental: investigar pueblos originarios no es extraer datos culturales. Es construir relación. Es respetar lengua, territorio, memoria, sueño y autoridad comunitaria. La ciencia colonial pregunta: “¿qué podemos recolectar?”. La ciencia en modo Jiwasa pregunta: “¿qué podemos comprender juntos sin herir el territorio?”

La lengua también es territorio. Investigaciones sobre sueños y multilingüismo muestran que la exposición a una lengua durante la vigilia influye en su presencia en los sueños, sugiriendo que los mundos vividos continúan reorganizando el lenguaje durante el sueño.

Para BrainLatam2026, esto es precioso: si la lengua del territorio entra en el sueño, entonces el sueño también es cuerpo-territorio. La mente sueña con los materiales que la vida ofrece. Cuando una lengua originaria se debilita, no se pierde solo vocabulario. Se pierde una forma de soñar el mundo.

La espiritualidad DANA puede entrar aquí como una espiritualidad laica, neutra y de cuidado. No para sustituir espiritualidades originarias ni apropiarse de ellas, sino para reconocer que un Estado Laico debe proteger las condiciones para que cada pueblo mantenga su relación con lengua, territorio, sueño, cuerpo y pertenencia.

La Neurociencia Decolonial necesita aprender a preguntar mejor. En vez de preguntar solo “¿qué área cerebral se activa cuando alguien ve un paisaje?”, podemos preguntar:

¿qué territorio enseñó a este cuerpo a sentir?
¿qué lengua organiza esta memoria?
¿qué sueño mantiene a este pueblo en continuidad?
¿qué APUS fue herido por la colonización, la escuela lineal, las pantallas o la pérdida de la tierra?

La investigación experimental puede ayudar, siempre que no colonice la pregunta. EEG, fNIRS, hyperscanning, ECG, respiración, GSR y medidas de sueño pueden investigar cómo cambia el cuerpo frente a narrativas territoriales, lenguas maternas, cantos, imágenes del territorio, ruedas de conversación y prácticas colectivas. Pero la interpretación debe salir del individualismo.

Si un adolescente escucha una historia en su lengua ancestral y su cuerpo cambia, no estamos viendo solo “procesamiento auditivo”. Podemos estar viendo APUS. Podemos estar viendo memoria territorial. Podemos estar viendo Jiwasa. Podemos estar viendo al cuerpo reconocer de dónde viene.

La crítica decolonial es esta: la ciencia muchas veces mide el cuerpo como si fuera universal, pero los cuerpos son formados por mundos diferentes. Un cerebro urbano hiperestimulado por pantallas no se forma con el mismo APUS que un adolescente que crece en relación con río, selva, huerta, lengua comunitaria y sueños colectivos. No se trata de decir que uno es mejor que otro. Se trata de reconocer que son ecologías de formación distintas.

Trabajos latinoamericanos recientes sobre cuerpo-territorio, prácticas artísticas y activismo indígena muestran que la disputa por el territorio es también ontológica y epistémica: una disputa sobre modos de existir y modos de conocer.

Esta frase debe estar en el centro del blog:

el territorio no es solo donde se vive; es cómo se conoce.

Ver el territorio como cuerpo también transforma la educación. Una Neurociencia Decolonial para adolescentes no debería enseñar solo cerebro, neurona y función ejecutiva. Debería enseñar que la atención depende del territorio, la memoria depende de la lengua, el sueño depende del mundo vivido, la creatividad depende de APUS y la inteligencia colectiva depende de Jiwasa.

En este sentido, los pueblos originarios no entran como “tema cultural” para una semana conmemorativa. Entran como referencias epistemológicas. Ayudan a la ciencia a percibir lo que la modernidad intentó olvidar: el cuerpo piensa con el territorio.

La espiritualidad DANA, en este contexto, puede funcionar como puente laico: no impone creencias, no convierte a los pueblos originarios en decoración y no reduce la espiritualidad a religión institucional. Afirma que DNA, cuerpo, Tierra, sueños, lengua y vínculos pertenecen a una misma continuidad de cuidado.

En modo BrainLatam2026, podríamos proponer un estudio con adolescentes latinoamericanos comparando distintas condiciones de pertenencia: escucha de narrativas territoriales, uso de lengua materna o ancestral, contacto con imágenes del territorio, ruedas presenciales, relatos de sueños, respiración y sensación de pertenencia. Podríamos medir EEG en tareas de atención, fNIRS en interacciones cooperativas, HRV/RMSSD, respiración, GSR y relatos oníricos. La hipótesis no sería “probar” una cultura, sino investigar cómo territorio, lengua y vínculo modulan atención, memoria y regulación corporal.

La pregunta científica sería:

cuando el adolescente reconoce su territorio como cuerpo, ¿el cerebro entra más fácilmente en Zona 2?

Esta es una pregunta potente para Brain Bee porque enseña ciencia sin arrancar al joven del mundo. Muestra que EEG y fNIRS no necesitan servir solo para medir performance individual. Pueden servir para investigar pertenencia, lenguaje, sueño, APUS y agencia compartida.

En el cierre político, esto se conecta directamente con DREX Ciudadano e IA como bien común. Si el territorio es cuerpo, entonces datos, dinero, escuela y tecnología necesitan devolver vida al territorio. No basta proteger tierras en el papel mientras los algoritmos capturan la atención, las lenguas desaparecen, los jóvenes pierden pertenencia y las comunidades son tratadas como bases de datos.

Ver el territorio como cuerpo es rechazar la separación colonial entre naturaleza, cultura, cerebro y política. Es afirmar que la mente humana no nace solo en el cráneo. Nace en un mundo.

Y quizá esto sea lo que los pueblos originarios vienen enseñando desde hace siglos:

el territorio sueña en el cuerpo,
la lengua respira en la memoria,
la montaña orienta la postura,
el agua regula la vida,
y el “nosotros” solo existe cuando el APUS no fue descuartizado.

La Neurociencia Decolonial comienza cuando la ciencia aprende a preguntar con más humildad:

¿qué cuerpo está formando este territorio?

Referencias

Krenak, Ailton. Futuro Ancestral. Companhia das Letras, 2022.
Referencia latinoamericana para pensar territorio, ancestralidad, ríos, montañas y continuidad de la vida.

Chaves, Kena Azevedo. “Corpo-território, reprodução social e cosmopolítica: reflexões a partir das lutas das mulheres indígenas no Brasil.” Scripta Nova, 2021.
Desarrolla cuerpo-territorio como categoría cosmopolítica vinculada a las luchas de mujeres indígenas y a la relación inseparable entre pueblo y territorio.

Meireles, Fábio. Corpo-território: práticas artísticas e ativismo indígena. Mecila Working Paper, 2025.
Discute el territorio indígena como disputa política, jurídica, ontológica y epistémica.

Neurath, Johannes. “Cataloguing the Untranslatable.” Anthropology in Action, 2024.
Aborda lenguaje, oralidad, traducción y mundos Wixárika.

Investigación colaborativa de largo plazo con Lacandon Maya en Mensabak, Chiapas, México, 2020.
Ejemplo de investigación comunitaria con prácticas culturales, paisaje ritual y desarrollo comunitario.

Dollnick, Daniela. “Languages in Dreams: A Diary Study.” International Journal of Dream Research, 2024.
Muestra vínculos entre exposición lingüística en vigilia y presencia de lenguas en sueños.

“Tupinambá: The Territory Dreams.” Piseagrama.
Explora la relación entre sueño, autogobierno y territorio desde una perspectiva Tupinambá.

D’Arcangelis, Carol Lynne; Quiroga, Lorna. “Cuerpo-Territorio: Towards Feminist Solidarities in the Americas.” Revista Eletrônica da ANPHLAC, 2023.
Conecta cuerpo-territorio, feminismos indígenas, colonialismo y resistencia al extractivismo.

Zaragocin, Sofia. “Agua-cuerpo-territorio / Water-body-territory.” Political Geography, 2024.
Conecta cuerpo, agua, territorio y feminismos decoloniales en las Américas.

Damasio, Antonio. Feeling & Knowing: Making Minds Conscious. Pantheon, 2021.
Base para comprender conciencia como cuerpo, sentimiento, regulación y mundo vivido.

De Felice, Silvia et al. “Relational Neuroscience: Insights from Hyperscanning Research.” Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 2025.
Apoya la cognición como relación entre cerebros, cuerpos y contexto social.

Grasso-Cladera, Aitana et al. “Embodied Hyperscanning for Studying Social Interaction.” Social Neuroscience, 2024.
Integra EEG/fNIRS, cuerpo, fisiología e interacción social en estudios de pertenencia y cooperación.







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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States