Jackson Cionek
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¿Podemos enseñar al cuerpo a percibir movimientos que antes no existían para él?

¿Podemos enseñar al cuerpo a percibir movimientos que antes no existían para él?

Tal vez aprender no sea solamente adquirir un nuevo movimiento, sino llegar a sentir nuevas posibilidades dentro del cuerpo y de las tecnologías que ya poseemos

Imagina a un velocista saliendo de los bloques de partida.

Ya sabe correr.

Ha entrenado durante años.

Su cuerpo conoce aceleración, fuerza, apoyo, ritmo y velocidad.

Entonces el entrenador le dice:

“Aplica la fuerza un poco antes.”

La instrucción puede ser técnicamente correcta.

El atleta puede comprenderla perfectamente.

Pero comprender una frase no significa necesariamente poder percibir, dentro del propio cuerpo, dónde está el movimiento que necesita cambiar.

Ahora imagina otra situación.

Mientras corre, el atleta recibe información visual, auditiva y táctil casi en tiempo real.

El ambiente comienza a revelar diferencias que ya estaban ocurriendo, pero que el cuerpo todavía no conseguía distinguir con suficiente precisión.

El atleta no recibe nuevas piernas.

No recibe nuevos músculos.

Recibe nuevas posibilidades para percibir aquello que su propio cuerpo ya está haciendo.

En 2026, Zifu Xu, Ziyu Wang y Gang Qin publicaron en Scientific Reports un estudio que utilizó realidad extendida —XR— y retroalimentación multisensorial para optimizar la técnica de velocistas.

La pregunta original estaba relacionada con el rendimiento deportivo.

Para BrainLatam, sin embargo, puede convertirse en algo mucho más amplio:

Si modificamos aquello que un organismo puede percibir sobre su propio movimiento, ¿podemos ampliar aquello que percibe como posible?


Un ambiente que devuelve más información al cuerpo

Xu y sus colegas estudiaron a 30 velocistas de nivel nacional.

Los participantes fueron distribuidos en tres condiciones:

retroalimentación multisensorial mediante XR,

retroalimentación tradicional por video,

y un grupo control.

La intervención duró 12 semanas y fue seguida por una evaluación de retención cuatro semanas después.

Los investigadores no observaron solamente la velocidad.

Midieron el desempeño en pruebas de 30 y 100 metros, la biomecánica mediante captura de movimiento y plataformas de fuerza, y también medidas neurofisiológicas utilizando EEG y fNIRS.

Esto hace que el estudio sea especialmente interesante.

La pregunta no era solamente:

“¿El atleta corrió más rápido?”

También era:

“¿Qué cambió en la manera en que produjo el movimiento?”

El grupo XR presentó una mejora reportada de aproximadamente 2,81% en los 30 metros, junto con adaptaciones biomecánicas relacionadas principalmente con el momento de aplicación de la fuerza.

También se reportaron cambios en medidas de EEG y fNIRS, interpretados por los autores como compatibles con una mayor eficiencia neural.

Aquí necesitamos cautela.

Una menor actividad en determinada medida no significa automáticamente “un cerebro mejor”.

Además, Scientific Reports puso inicialmente a disposición una versión aún no editada del manuscrito, y el ensayo fue registrado de manera retrospectiva.

Por lo tanto, estamos frente a resultados interesantes y prometedores, no frente a conclusiones definitivas.

Pero existe un aspecto especialmente importante para nuestra pregunta:

parte del aprendizaje permaneció incluso después de finalizar el entrenamiento.


Saber no significa necesariamente sentir

Un entrenador puede mostrar un video y decir:

“Mira aquí.”

El atleta observa.

Comprende.

Incluso puede explicar el error.

Pero correr a gran velocidad exige algo diferente.

No existe tiempo para formular conscientemente una frase durante cada zancada:

“Ahora voy a modificar el momento de aplicación de la fuerza en esta pierna.”

El movimiento necesita convertirse en una posibilidad disponible para el organismo.

Tal vez sea aquí donde la retroalimentación multisensorial adquiere especial importancia.

No ofrece solamente una explicación.

Puede ayudar a volver perceptible una diferencia que antes resultaba difícil de sentir.

Aquí necesitamos hacer una distinción.

Xu y sus colegas no demostraron directamente un aumento de la interocepción.

El estudio no fue diseñado para medirla.

Pero BrainLatam puede ampliar la pregunta:

¿Podemos ofrecer al Cuerpo-Territorio más posibilidades para sentir aquello que está ocurriendo en él y a su alrededor?

Este sentir puede involucrar información propioceptiva, exteroceptiva y, en otros diseños experimentales, también interoceptiva.

Quizá aprender una nueva acción dependa, en parte, de aprender a distinguir señales que ya estaban presentes, pero que todavía no eran suficientemente accesibles a la percepción.


APUS: un movimiento puede existir y, aun así, no existir para mí

En BrainLatam utilizamos APUS para pensar el campo percibido de movimientos posibles de un Cuerpo-Territorio.

Xu y sus colegas no midieron APUS.

Esta es nuestra extensión conceptual.

Pero el estudio permite formular una pregunta muy concreta.

Imagina que, desde el punto de vista biomecánico, un atleta es capaz de producir un movimiento más eficiente.

La posibilidad física existe.

Pero todavía no logra realizarla de manera consistente.

Tal vez ni siquiera consiga percibir claramente la diferencia entre lo que hace ahora y aquello que podría hacer.

Entonces tenemos tres niveles distintos:

el movimiento físicamente posible;

el movimiento percibido como posible;

el movimiento que ya forma parte del repertorio disponible.

Quizá aprender consista justamente en atravesar las distancias entre estos niveles.

En este sentido:

Ampliar el APUS no significa solamente ofrecer nuevos movimientos. Puede significar ampliar aquello que el Cuerpo-Territorio consigue percibir sobre los movimientos que ya están ocurriendo.


El óptimo local del movimiento

Aquí regresa el blog anterior.

Un corredor experimentado ya encontró una forma de correr.

Funciona.

Puede funcionar muy bien.

Y precisamente porque funciona bien, puede resultar difícil percibirla como apenas una entre varias soluciones posibles.

Esto es lo que llamamos, de manera metafórica, un óptimo local.

No es necesariamente un error.

Es una solución suficientemente eficiente como para disminuir la necesidad de seguir explorando.

El cuerpo confía en ella.

Esa confianza permite velocidad y automatización.

Pero también puede ocultar otros movimientos.

La XR no crea un cuerpo nuevo.

Puede ofrecer información suficiente para que el mismo cuerpo perciba:

“Existe otra manera de organizar aquello que ya estoy haciendo.”

Y esto nos lleva más allá del deporte.


¿Y si pensar también estuviera hecho de movimientos?

Cuando razonamos, también utilizamos repertorios aprendidos.

Categorías.

Palabras.

Creencias.

Relaciones semánticas.

Formas habituales de interpretar los acontecimientos.

Tal vez podamos pensar nuestros movimientos cognitivos de manera semejante a los movimientos físicos.

En el blog anterior preguntamos cuándo un hábito o una creencia pueden convertirse en un óptimo local.

En el blog sobre confusión preguntamos:

“¿Y si la confusión fuera el momento en que empezamos a pensar diferente?”

Ahora podemos unir esas ideas.

Imagina que una información contradice aquello en lo que creemos.

Aparece una incongruencia.

Durante algunos instantes, nuestro modelo deja de funcionar perfectamente.

Pero eso no significa que necesariamente vayamos a construir otro.

Podemos utilizar el propio lenguaje para permanecer exactamente en el mismo lugar.


La semántica también puede proteger un óptimo local

Imagina a varias personas frente a una información que contradice una creencia previa.

Una dice:

“Tal vez estoy equivocado.”

Otra:

“Esto es mentira.”

Otra:

“Quien dijo esto es el enemigo.”

Otra:

“Esas personas simplemente no entienden.”

El acontecimiento puede ser el mismo.

Pero la semántica utilizada reorganiza aquello que significa.

En algunos casos, una nueva palabra puede abrir una posibilidad.

En otros, puede cerrar rápidamente la ventana creada por la confusión y reconstruir exactamente el mismo modelo anterior.

Entonces aparece otra hipótesis BrainLatam:

Cuando entramos en confusión, las relaciones semánticas que elegimos pueden ampliar o reducir los movimientos cognitivos que comienzan a aparecer como posibles.

El lenguaje puede funcionar como una tecnología.

No necesariamente necesitamos palabras nuevas.

Tal vez necesitemos descubrir nuevas relaciones entre las palabras que ya poseemos.


La misma tecnología, otro movimiento

El velocista sigue utilizando las mismas piernas.

Lo que cambia es su posibilidad de percibir y reorganizar la manera en que las utiliza.

Tal vez algo semejante pueda ocurrir con el lenguaje.

Seguimos utilizando portugués.

Español.

Guaraní.

Aimara.

O cualquier otra lengua.

Pero una palabra puede adquirir nuevas relaciones.

Piensa en:

fracaso.

Un Cuerpo-Territorio puede haber aprendido:

fracaso → vergüenza → amenaza → ocultarse.

Otro movimiento semántico podría ser:

fracaso → información → actualización → intentar nuevamente.

La palabra sigue siendo “fracaso”.

Pero el repertorio de movimientos que abre ya no es el mismo.

Esto nos permite formular una idea provocadora:

Tal vez el alto desempeño cognitivo no siempre requiera una nueva tecnología de palabras. Puede requerir nuevas posibilidades semánticas dentro de la tecnología lingüística que ya utilizamos.

Como hipótesis, podríamos imaginar una dimensión cognitivo-semántica del APUS:

¿qué interpretaciones, preguntas y respuestas puede un Cuerpo-Territorio percibir como disponibles frente a una determinada situación?


¿Puede el ambiente ofrecer nuevas semánticas?

En el experimento de Xu, el ambiente devuelve al atleta información adicional sobre su movimiento.

¿Y si hiciéramos algo semejante durante los procesos cognitivos?

Cuando una persona llega a una conclusión, podríamos preguntar:

¿Qué palabra utilizaste para describir el problema?

¿Qué otra palabra podría describirlo?

¿Qué cambia si “amenaza” se convierte en “incongruencia”?

¿Si “fracaso” se convierte en “retroalimentación”?

¿Si “enemigo” se convierte en “alguien que utiliza otro modelo”?

Esto no significa que toda realidad pueda modificarse simplemente cambiando palabras.

Eso sería ingenuo.

Los territorios materiales existen.

La violencia existe.

La desigualdad existe.

Pero las palabras también participan en la manera en que organizamos nuestros movimientos frente a esas condiciones.

Y quizá sea posible estudiar este proceso.

El EEG podría acompañar momentos de incongruencia y actualización.

El eye-tracking podría observar la atención.

El fNIRS podría ayudar a investigar tareas más naturalistas.

Las medidas fisiológicas podrían añadir información sobre aquello que está ocurriendo en el cuerpo.

Y podríamos preguntar:

Cuando aparece una nueva relación semántica, ¿aumentan también las alternativas que una persona consigue imaginar?


La pregunta latinoamericana

Esta pregunta posee una importancia especial para América Latina.

Nuestros territorios conviven con diferentes lenguas, cosmologías y formas de organizar el conocimiento.

Tal vez una de las mayores limitaciones de importar tecnologías, modelos educativos o políticas públicas sea asumir que ofrecer la misma herramienta significa necesariamente ofrecer las mismas posibilidades.

No basta con ofrecer tecnología.

Necesitamos preguntar:

¿Qué movimientos permite percibir?

No basta con enseñar palabras.

Necesitamos preguntar:

¿Qué mundos semánticos permiten construir esas palabras?

No basta con decirle a alguien:

“Puedes hacerlo.”

Tal vez sea necesario construir condiciones corporales, sociales y territoriales en las que esa posibilidad consiga realmente aparecer.

Aquí el APUS deja de ser solamente una cuestión deportiva.


Donde termina el artículo y comienza BrainLatam

Xu, Wang y Qin reportaron que 12 semanas de retroalimentación multisensorial mediante XR estuvieron asociadas con mejoras en el desempeño, adaptaciones biomecánicas y cambios en medidas neurofisiológicas en velocistas.

Hasta aquí:

Xu y sus colegas.

El estudio no midió APUS.

No investigó semántica.

No demostró un aumento de interocepción.

A partir de aquí:

BrainLatam.

Nuestra pregunta es:

Si un ambiente puede ofrecer información que haga más accesibles al cuerpo nuevas organizaciones motoras, ¿podemos construir ambientes capaces de volver también más perceptibles nuevas organizaciones cognitivas?

Y después:

¿Podemos ampliar el APUS ofreciendo no solamente nuevos movimientos físicos, sino nuevas posibilidades de sentir, interpretar y nombrar aquello que ya está ocurriendo?

Tal vez aprender no consista solamente en agregar algo al organismo.

Quizá también consista en permitirle percibir algo que ya estaba frente a él —o dentro de él— pero que todavía no conseguía distinguir.

El corredor continúa con las mismas piernas.

Nosotros, muchas veces, seguimos utilizando las mismas palabras.

Pero quizá el alto desempeño comience cuando conseguimos descubrir:

otros movimientos dentro del mismo cuerpo.

otras semánticas dentro del mismo lenguaje.

otras posibilidades dentro del mismo territorio.

Neuro Desafío Latam

Piensa en una palabra que utilizas con frecuencia para explicar algún problema de tu vida.

Si cambiaras la relación semántica alrededor de esa palabra, ¿qué nuevos movimientos podrían comenzar a aparecer como posibles?


Referencia científica

Xu, Z., Wang, Z., & Qin, G. (2026). An XR-based multisensory feedback system for real-time sprint technique optimization in track athletes. Scientific Reports. https://doi.org/10.1038/s41598-026-60240-3






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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States