Jackson Cionek
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OHBM 2026: Emotion and Social Neuroscience — ¿el cerebro social piensa mejor junto o solo copia mejor junto?

OHBM 2026: Emotion and Social Neuroscience — ¿el cerebro social piensa mejor junto o solo copia mejor junto?

La OHBM 2026 pone sobre la mesa una pregunta poderosa, aunque al principio aparezca en lenguaje técnico: ¿qué le pasa a la mente cuando una persona entra en un grupo? En el programa oficial, la sesión Emotion and Social Neuroscience incluye temas como The Brain Network Underlying Social Participation, Tracking Emotion Regulation Through Dynamic Affective Transitions y Mapping a Continuous Neural Signature for Decoding Social Distance from the Self. Solo esos títulos ya muestran un cambio importante: la neurociencia no está mirando únicamente a un cerebro aislado dentro de un escáner. Está empezando a mirar participación, distancia social, regulación emocional e interacción.

Eso ya agrega valor científico. Pero, desde una perspectiva latinoamericana, también abre una pregunta más grande: ¿el campo sigue demasiado pegado al individuo como unidad principal? ¿La ciencia ya está viendo al grupo como un territorio vivo, o todavía trata “lo social” como algo que se agrega después, por encima de un cerebro supuestamente autosuficiente? Aquí es donde una lectura de Neurociencia Decolonial empieza a aportar más profundidad.

En lenguaje Brain Bee, la pregunta se vuelve mucho más directa:

Cuando entramos en un grupo, ¿ganamos inteligencia colectiva o perdemos sentido crítico?

La pregunta es simple, pero vale muchísimo. Gran parte de la vida adolescente entre los 14 y 17 años gira exactamente alrededor de eso: amistad, escuela, grupo, redes sociales, vergüenza, coraje, influencia, pertenencia, exclusión y reputación. Si la neurociencia quiere entender el comportamiento humano real, necesita medir no solo decisiones individuales, sino también qué pasa cuando los cuerpos empiezan a sentir juntos, cuando el ritmo del grupo pesa, y cuando la emoción de una persona cambia la atención de la otra.

Aquí es donde el avatar Jiwasa entra con fuerza. Jiwasa nos ayuda a salir del “yo pienso” para pasar a “entramos en fase juntos”, “nos regulamos juntos”, y también “podemos quedar capturados juntos”. En un congreso como la OHBM 2026, esto conversa de forma directa con Social Participation y con Social Distance from the Self. Pero nuestro aporte es darle una base más material a esa conversación. No basta con decir que existe una firma neural de lo social. La pregunta más viva es: ¿qué tipo de social? ¿Un campo social que abre criticidad? ¿Uno que produce coraje? ¿Uno que genera miedo? ¿Uno que captura?

Aquí aparece una crítica suave, pero necesaria, a ciertas cristalizaciones teóricas. Mucha investigación social todavía depende de diseños muy controlados, muy limpios y muchas veces demasiado pobres en vida real. El grupo se vuelve una condición experimental elegante, pero sin territorio, sin historia, sin asimetría de voz, sin disputa por la pertenencia. Medimos cooperación, pero no siempre sumisión silenciosa. Medimos decisión, pero no siempre el costo corporal de estar de acuerdo con el colectivo. Medimos emoción, pero no siempre quién tuvo realmente libertad para sentir distinto.

Eso no significa abandonar el rigor. Significa hacer preguntas mejores.

Una pregunta mejor sería esta:

¿En qué momento la pertenencia ayuda a pensar juntos, y en qué momento empieza a reducir la autonomía crítica?

Esa pregunta le importa a la OHBM 2026, a Brain Bee, a las escuelas y a cualquiera que quiera entender a la juventud en América Latina. Y puede explorarse muy bien con EEG y NIRS.

Una propuesta Brain Bee de experimento con EEG + NIRS

La idea puede ser simple: comparar adolescentes resolviendo desafíos solos, en un grupo cooperativo y en un grupo presionado por un líder muy confiado. Las tareas pueden incluir interpretación de imágenes, frases ambiguas, decisiones simples y detección de errores.

Con EEG, podemos observar marcadores de atención, sorpresa y conflicto, como P300 y N400. Con NIRS, podemos seguir el esfuerzo regulatorio frontal y la flexibilidad. El punto no es solo ver quién acierta más, sino ver cómo el grupo cambia el cuerpo y la atención de cada persona.

La hipótesis central es fuerte y directa: los grupos no son solo sumas de cerebros; también modulan el costo corporal de disentir, equivocarse o sostener una lectura propia. Si eso aparece en el EEG y en el NIRS, salimos de una idea superficial del “cerebro social” y empezamos a entrar en una neurociencia de la pertenencia vivida.

Dónde también entran APUS y Math/Hep

Aunque Jiwasa es el avatar principal aquí, este blog también conversa con APUS y Math/Hep.

APUS importa porque un grupo no es solo pensamiento compartido. Un grupo es cuerpo en el espacio, postura, distancia, mirada, respiración, timing y sensación de invasión o de acogida. Si queremos hacer Neurociencia Decolonial en serio, tenemos que recordar que lo social ocurre en cuerpo-territorio, no solo en abstracción cognitiva.

Math/Hep importa porque el método necesita protección. Es muy fácil romantizar la sincronía. No toda sincronía es buena. No toda coordinación es inteligencia colectiva. A veces un grupo se sincroniza justamente porque se volvió demasiado rígido. A veces el alineamiento es creativo. A veces es sumisión. Por eso el diseño experimental debe separar cooperación viva de captura silenciosa.

Esta preocupación también conversa con el programa más amplio de la OHBM 2026, que muestra un interés claro por enfoques más ecológicos y naturalistas. La keynote de Nanthia Suthana, por ejemplo, destaca la cognición humana en naturalistic environments, integrando EEG de alta densidad, sensores vestibles, video en primera persona y comportamiento en mundo real. Eso refuerza la idea de que la próxima generación de la neurociencia necesita salir del cerebro inmóvil y acercarse a la vida tal como se vive.

Por qué esto importa para América Latina

En nuestra región, el grupo nunca fue un detalle menor. La vida escolar, comunitaria, política, religiosa y digital tiene un peso muy fuerte de la pertenencia. Por eso, una neurociencia hecha aquí gana mucho más cuando pregunta no solo “¿qué pensó la persona?”, sino también “¿en qué colectivo pensó?”, “¿cuánto costó disentir?”, “¿quién pudo hablar?”, “¿qué cuerpo se encogió?”, y “¿qué cuerpo se abrió?”.

Esto es especialmente importante para adolescentes. Entre los 14 y 17 años todavía se están organizando muchas cosas: autoconcepto, coraje social, miedo a la exclusión, confianza en el propio juicio y plasticidad atencional. Si Brain Bee Latam quiere inspirar nuevas preguntas científicas, aquí hay un terreno fértil.

La belleza de este tema de la OHBM 2026 es que ya abre la puerta. Nuestro papel es empujar esa puerta un poco más. En lugar de solo mapear el cerebro social, podemos preguntar:

¿Qué tipo de colectivo ayuda a que el pensamiento nazca?
¿Qué tipo de colectivo hace que la persona solo repita?
¿Cómo muestra eso el cuerpo incluso antes de que aparezca el habla?

Cuando la neurociencia empieza a medir eso, deja de ser solo una ciencia del cerebro observado y empieza a convertirse también en una ciencia de la pertenencia vivida.

Referencias usadas en este blog

  • OHBM 2026 — sesión oral “Emotion and Social Neuroscience”, incluyendo The Brain Network Underlying Social Participation, Tracking Emotion Regulation Through Dynamic Affective Transitions y Mapping a Continuous Neural Signature for Decoding Social Distance from the Self.

  • OHBM 2026 Schedule at a Glance — confirmación de que Emotion and Social Neuroscience está programada como sesión oral en el congreso.

  • OHBM 2026 — keynote de Nanthia Suthana, destacando cognición humana en naturalistic environments con integración de EEG, sensores vestibles, video en primera persona y comportamiento en mundo real.



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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States