Jackson Cionek
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La Infraestructura de la Pertenencia

La Infraestructura de la Pertenencia - Redes sociales, captura interoceptiva y el papel del CBDC minorista DREX Ciudadano

Si los textos anteriores comenzaron en el cuerpo — y luego en las imágenes internas que lo organizan — llegamos ahora a la pregunta inevitable:

¿Quién regula hoy los entornos donde se produce la pertenencia?

En el siglo XXI, esa respuesta cambió radicalmente.


Cuando la pertenencia sale del territorio y entra en el algoritmo

Históricamente, la pertenencia fue regulada por ecosistemas físicos: comunidad, lengua, territorio, espiritualidad y ritmos compartidos. Estos sistemas funcionaban como reguladores interoceptivos colectivos, estabilizando identidad y sentido.

Hoy, gran parte de esa regulación se ha desplazado a entornos digitales.

Las redes sociales no solo transmiten información — ingenian estados corporales a escala. Operan sobre comparación social, recompensas intermitentes, vigilancia simbólica y dinámicas de humillación pública.

En términos BrainLatam, no compiten solo por atención:
compiten por Utupe y Pei Utupe.

Es decir, por las imágenes internas que organizan el cuerpo.


El secuestro silencioso de la interocepción

El problema central no es ideológico, sino fisiológico.

Las plataformas digitales están optimizadas para retención, no para regulación humana. Los efectos emergentes son cada vez más consistentes:

  • estimulación dopaminérgica intermitente,

  • bucles de ansiedad anticipatoria,

  • comparación constante,

  • inestabilidad del sentido de pertenencia.

No son solo efectos psicológicos: son alteraciones interoceptivas.

Sin previsibilidad, el organismo pierde capacidad de regresar a estados integradores (Zona 2: fruición y metacognición). A nivel colectivo, esto aumenta la contracción: más reactividad, más polarización, menos flexibilidad crítica.

Esto ayuda a explicar una paradoja contemporánea:
más información, menos coherencia;
más expresión, menos pertenencia.


La economía de la captura simbólica

Existe una segunda capa menos visible: la interacción entre inestabilidad material y captura simbólica.

La incertidumbre económica eleva la vigilancia interoceptiva basal. En fisiología de supervivencia, las personas se vuelven más vulnerables a entornos que prometen validación, estatus o futuro.

Los ecosistemas digitales explotan esta vulnerabilidad ofreciendo pertenencia simbólica donde la pertenencia material es frágil.

Se genera así un ciclo:

escasez material → captura simbólica → anergia represada → menor autonomía → mayor captura.

Romper este ciclo exige más que alfabetización digital. Exige infraestructura de pertenencia.


El CBDC minorista como tecnología regulatoria

Aquí entra un concepto aún poco comprendido: las monedas digitales de banco central (CBDC) en su capa ciudadana.

La mayoría de debates se centran en eficiencia financiera. Pero existe una dimensión más profunda: regulación interoceptiva colectiva.

Cuando se diseña como infraestructura de base — como en el concepto de DREX Ciudadano — un CBDC minorista puede funcionar como:

  • estabilizador de previsibilidad mínima,

  • reductor de anergia crónica,

  • amplificador de autonomía corporal.

No es solo un argumento económico.
Es un argumento fisiológico.

Así como las células necesitan flujo energético estable, los sistemas humanos requieren estabilidad mínima para sostener coherencia cognitiva y social.

Sin ello, el cerebro permanece en modo supervivencia.


DREX Ciudadano: pertenencia como metabolismo social

El concepto de DREX Ciudadano propone un giro estructural:

el dinero deja de ser solo instrumento de mercado
y pasa a ser también infraestructura metabólica de ciudadanía.

Esto cambia el eje de la discusión.

En lugar de preguntar:
“¿Cuánto crecimiento generamos?”

Pasamos a preguntar:
“¿Cuánta autonomía interoceptiva puede sostener una sociedad?”

La estabilidad financiera mínima no produce felicidad directa. Pero reduce ruido fisiológico. Y menos ruido fisiológico aumenta:

  • capacidad de actualización cognitiva,

  • creatividad,

  • cooperación,

  • orientación futura no capturada.

En lenguaje BrainLatam: aumenta la probabilidad de retorno colectivo a la Zona 2.


Regular plataformas no es censurar ideas

La segunda mitad de la ecuación suele malinterpretarse.

Si los entornos digitales modulan estados corporales a gran escala, regularlos no es solo un debate de libertad de expresión — es una cuestión de salud civilizatoria.

Esto no implica censura ideológica. Implica regulación estructural, como:

  • transparencia algorítmica,

  • límites al diseño adictivo,

  • protección interoceptiva para jóvenes,

  • auditorías de entornos que amplifican la humillación pública.

El objetivo no es controlar pensamiento.
Es proteger el cuerpo colectivo de arquitecturas que secuestran la pertenencia.


La política como regulación de la fisiología colectiva

Este puede ser el cambio conceptual más importante.

Durante siglos, la política fue leída como disputa ideológica. Pero desde una lente interoceptiva, emerge otra capa:

la política es ingeniería de estados corporales colectivos.

Infraestructuras económicas regulan previsibilidad.
Sistemas simbólicos regulan pertenencia.
Arquitecturas digitales regulan atención.

Juntas, moldean la calidad de la conciencia colectiva.


Hacia un nuevo criterio civilizatorio

Quizás estamos entrando en una etapa donde la madurez social deja de medirse solo por PIB, tecnología o poder.

Un nuevo criterio comienza a emerger:

la capacidad de una sociedad para sostener pertenencia sin captura simbólica.

Bajo esta lente:
redes no reguladas fragmentan,
escasez crónica contrae,
pertenencia estable expande.

No es una tesis ideológica.
Es una hipótesis regulatoria.


Cierre de la trilogía

Si el primer texto comenzó en el cuerpo,
y el segundo en las imágenes que organizan el cuerpo,
este tercero cierra el círculo abordando los entornos que moldean esas imágenes.

Cuerpo, cultura e infraestructura no son capas separadas.
Son escalas distintas del mismo sistema.

Y quizá la pregunta más importante de nuestro tiempo no sea tecnológica ni económica, sino profundamente humana:

¿Qué entornos permitimos que formen nuestras imágenes internas?

La respuesta definirá no solo nuestras políticas, sino la calidad de la conciencia colectiva de las próximas generaciones.


Referencias (posteriores a 2021)

Interocepción y neurociencia

  1. Khalsa, S. S., et al. (2022). Interoception and mental health: a roadmap. Biological Psychiatry CNCN.

  2. Chen, W. G., et al. (2021). The emerging science of interoception. Trends in Neurosciences.

  3. Seth, A. (2023). Revisiones recientes sobre procesamiento predictivo y self encarnado.

Redes sociales y salud mental

  1. Orben, A., & Przybylski, A. K. (2023). Adolescent well-being and digital technology. Nature Human Behaviour.

  2. Twenge, J. M., & Campbell, W. K. (2022). Actualizaciones meta-analíticas sobre redes sociales y salud mental.

Sistemas culturales y Latinoamérica

  1. Gómez-Carrillo, A., et al. (2023). Cultural–ecosocial systems in psychiatry. The Lancet Psychiatry. 

  2. Flores-Cohaila, J. A., et al. (2025). Decolonizing mental health in Peru. Scientific Reports. 






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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States