Jackson Cionek
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Cuerpo-Territorio: cuando dejamos de habitar el cuerpo y comenzamos a pertenecer al mundo

Cuerpo-Territorio: cuando dejamos de habitar el cuerpo y comenzamos a pertenecer al mundo

¿Y si nuestro cuerpo no terminara en la piel?

Esta pregunta puede parecer poética, pero es profundamente científica, política y existencial. Durante mucho tiempo, aprendimos a pensar el cuerpo como una unidad aislada: un organismo individual separado de la tierra, de la comunidad, de la memoria y del territorio. Sin embargo, cuando observamos la experiencia humana desde América Latina, los pueblos originarios, la Mente Damasiana y las neurociencias contemporáneas, percibimos que esa separación es artificial.

La conciencia no nace solamente del pensamiento abstracto. Nace del cuerpo en relación. Sentimos el mundo antes de explicarlo. La respiración, la postura, el ritmo del corazón, el miedo, la relajación, la confianza y la presencia del otro forman la base de la experiencia consciente. Desde la perspectiva de Antonio Damasio, la mente se organiza a partir de la integración entre interocepción —la percepción del cuerpo desde dentro— y propiocepción —la percepción del cuerpo en movimiento y posición en el espacio—. Pensar, por lo tanto, no es salir del cuerpo. Pensar es el cuerpo organizando sentido.

Aquí el concepto de Cuerpo-Territorio se vuelve fundamental. En muchas cosmovisiones indígenas latinoamericanas, el cuerpo no está simplemente “en” un territorio. El cuerpo es continuidad del territorio. El territorio no es apenas suelo, recurso, propiedad o paisaje. Es memoria, alimento, vínculo, ancestralidad, lenguaje, clima, cuidado y condición de existencia. Como enseña Ailton Krenak, pertenecer a un lugar es ser extensión del paisaje, del río y de la montaña. El lugar no es un escenario neutro donde la vida ocurre; participa en la formación del ser.

Por eso, Cuerpo-Territorio no debe entenderse como metáfora. Es una forma de comprender la vida como relación. El cuerpo siente el territorio, y el territorio deja marcas en el cuerpo. Respiramos diferente en un bosque, en una ciudad violenta, en una casa acogedora o frente a personas en quienes confiamos. El sistema nervioso cambia según el ambiente. La postura cambia. La atención cambia. La respiración cambia. El cuerpo sabe dónde está antes de que el lenguaje organice esa experiencia en palabras.

Llamamos a esta expansión del cuerpo más allá de la piel APUS. APUS es propiocepción extendida: la percepción de que el cuerpo no termina en sus límites anatómicos, sino que continúa en el ambiente, en la montaña, en el agua, en la selva, en la casa, en la calle y en los vínculos. Cuando una comunidad pierde su territorio, no pierde solamente una porción de tierra. Pierde parte de su orientación corporal, afectiva y colectiva. Pierde referencias de pertenencia. Pierde suelo.

La neurociencia experimental empieza a acercarse a este punto, aunque muchas veces con un lenguaje colonial, lineal e individualista. Estudios con fNIRS/NIRS, EEG, multimodalidad e hyperscanning muestran que cerebros y cuerpos se acoplan durante interacciones sociales, cooperación, cuidado, enseñanza, música y toma de decisiones colectivas. Hay sincronización neural entre personas, cambios en patrones de oxigenación prefrontal, variaciones en respiración, variabilidad cardíaca y atención compartida. Sin embargo, la ciencia suele describir estos fenómenos como “sincronía neural”, “acoplamiento intersubjetivo” o “coordinación social”, sin reconocer plenamente que está midiendo algo que los pueblos originarios siempre sintieron: la pertenencia es corporal.

Aquí entra Jiwasa. Jiwasa es cuando el territorio deja de ser solo lugar y se convierte en “nosotros”. No significa anular al individuo dentro de una masa. Al contrario: en un Jiwasa saludable, cada persona mantiene su singularidad, su sentido crítico y su capacidad de asumir liderazgo en determinados momentos. El colectivo vivo no borra al individuo; lo regula, lo amplía y lo sitúa. El liderazgo no necesita ser fijo, autoritario o jerárquico. Puede emerger según las necesidades del grupo, como sucede en los sistemas complejos.

Cuando esta pertenencia es herida, el cerebro deja de sentir el colectivo como abrigo y pasa a percibirlo como amenaza. Esto es el Jiwasa Herido. Puede surgir de traumas infantiles, violencia social, abandono, racismo, inseguridad económica, destrucción territorial o experiencias repetidas de no poder confiar en los otros. Cuando esto ocurre, el cuerpo entra en defensa. La interocepción se cierra, la propiocepción se contrae, la atención se estrecha y la persona busca protección en ideologías, dinero, estatus, consumo o pertenencias artificiales. Es la transición hacia la Zona 3: un estado en el que el cuerpo ya no consigue disfrutar, confiar y pensar con libertad crítica.

La fragmentación del territorio profundiza este proceso. APUS, que antes era vivido como continuidad, fue recortado en papeles: títulos, escrituras, contratos, deudas, garantías, fondos y activos financieros. La montaña se volvió propiedad. El agua se volvió concesión. La selva se volvió recurso. La tierra se volvió mercancía. El territorio vivo fue desmembrado en documentos, y quienes controlan las reglas de esos documentos pasaron a controlar el flujo de la vida. Así, la pérdida del Cuerpo-Territorio no es solo cultural; es económica, jurídica, política y neuroafectiva.

Las referencias latinoamericanas decoloniales ayudan a nombrar esta herida. Rogério Haesbaert muestra que el territorio, en nuestra realidad, necesita ser pensado desde el cuerpo, desde la Tierra y desde las luchas de r-existencia. Arturo Escobar propone comprender el territorio como ontología, es decir, como modo de existencia y no solo como espacio administrado. Pensadoras feministas e indígenas latinoamericanas refuerzan que el cuerpo es el primer territorio de lucha, especialmente cuando mujeres, pueblos originarios y comunidades tradicionales enfrentan violencias sobre sus cuerpos y sus tierras al mismo tiempo.

Esta lectura también amplía la propia neurociencia. La pregunta deja de ser solamente: “¿qué ocurre en el cerebro individual?”. Pasa a ser: ¿qué tipo de territorio forma este cuerpo? ¿Qué relaciones regulan este sistema nervioso? ¿Qué experiencias permiten confianza, fruición y metacognición? ¿Qué ambientes empujan el cuerpo hacia la defensa? ¿Qué formas de organización social hieren o fortalecen el Jiwasa?

Desde la Mente Damasiana, APUS y Jiwasa, podemos afirmar que Cuerpo-Territorio es una clave para reconectar ciencia, política y existencia. La conciencia no es un fenómeno aislado dentro del cráneo. Emerge del cuerpo en relación con otros cuerpos, con la tierra, con los ciclos de la vida, con la memoria colectiva y con las condiciones materiales de supervivencia. Por eso, defender el territorio también es defender la salud mental, la inteligencia colectiva y la libertad de sentir el mundo sin ser capturados por el miedo, la deuda o la competencia permanente.

Al final, tal vez la gran herida moderna sea esta: no perdimos solamente la tierra. Perdimos la capacidad de sentir el todo. El cuerpo se volvió función. El territorio se volvió papel. El colectivo se volvió amenaza. El dinero se volvió regla abstracta. Y cuando esto ocurre, la vida deja de ser pertenencia y se convierte en disputa.

Pero Cuerpo-Territorio también es posibilidad de retorno. Aparece cuando respiramos con presencia, cuando reconocemos el suelo donde estamos, cuando sentimos que pertenecemos a una comunidad, cuando percibimos que la montaña, el agua, la selva, la ciudad y los otros cuerpos también forman parte de nuestra organización interna. Cuerpo-Territorio no es algo que aprendemos solamente en los libros. Es algo que recordamos en el cuerpo.

Y tal vez este sea el primer paso de una Neurociencia Decolonial: volver a sentir que pensar no es salir del mundo. Pensar es pertenecer mejor a él.


Referencias

DAMASIO, Antonio. Feeling & Knowing: Making Minds Conscious. New York: Pantheon Books, 2021.
Contribuye a comprender la conciencia como proceso corporal basado en interocepción, propiocepción y regulación del organismo.

ESCOBAR, Arturo. Designs for the Pluriverse: Radical Interdependence, Autonomy, and the Making of Worlds. Durham: Duke University Press, 2018.
Aunque anterior a 2021, sigue siendo fundamental para la idea de pluriverso, autonomía y territorio como producción de mundos.

HAESBAERT, Rogério. “Do corpo-território ao território-corpo (da Terra): contribuições decoloniais.” GEOgraphia, v. 22, n. 48, 2020.
Referencia central para articular cuerpo-territorio, territorio-cuerpo de la Tierra y pensamiento decolonial latinoamericano.

KRENAK, Ailton. Futuro Ancestral. São Paulo: Companhia das Letras, 2022.
Ayuda a pensar la pertenencia como continuidad entre cuerpo, río, montaña, memoria y territorio.

REINDL, V.; GERLOFF, C.; SCHULTE-RÜTHER, M.; KONRAD, K. Brain-to-brain synchrony in parent-child dyads and the relationship with emotion regulation. NeuroImage, 2022.
Contribuye a relacionar fNIRS/hyperscanning, vínculo, regulación emocional y sincronización social.

DUMAS, G.; MOREAU, Q.; TOGNOLI, E.; KELSO, J. A. S. The human dynamic clamp as a paradigm for social interaction. Trends in Cognitive Sciences, 2022.
Ayuda a discutir interacción social, acoplamiento entre sujetos y límites de los modelos individualistas.

FISHBURN, F. A.; MENDOZA, J. K.; HIRSHFIELD, L. M. Hyperscanning and social neuroscience using functional near-infrared spectroscopy. Neurophotonics, 2023.
Base para relacionar fNIRS, interacción social y acoplamiento neural en situaciones colectivas.

CRUZ HERNÁNDEZ, Delmy Tania. “Mujeres, cuerpo y territorios: entre la defensa y la desposesión.”
Referencia importante para cuerpo-territorio desde una perspectiva feminista latinoamericana.









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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States