Jackson Cionek
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Cuando el significado cambia de lugar: lo que EEG y fNIRS pueden (y no pueden) medir en las transformaciones profundas de la conciencia

Cuando el significado cambia de lugar: lo que EEG y fNIRS pueden (y no pueden) medir en las transformaciones profundas de la conciencia

Durante mucho tiempo, muchos de nosotros cargamos prejuicios conceptuales sobre las experiencias internas profundas. Una de las ideas más comunes —y también más mal comprendidas— es la noción de que “lo que ocurre en el universo ocurre dentro del cuerpo humano”. Cuando esta frase se trata de forma superficial, se desliza hacia un misticismo ingenuo. Pero cuando se observa desde la neurociencia contemporánea y la perspectiva de la Mente Damasiana, revela algo más interesante: los cambios profundos de conciencia no tratan del universo exterior, sino de una reorganización del lugar donde el significado se encarna.

Los relatos de experiencias intensas —ya sea en contextos contemplativos, terapéuticos o en estados no ordinarios de conciencia— suelen describir fenómenos similares: sensación de luz en el pecho, disolución de la identidad, fusión con la naturaleza o ciclos simbólicos de muerte y renacimiento. Una lectura apresurada tiende a clasificarlos como “espirituales” o “alucinatorios”. Pero existe una hipótesis más fértil: estos eventos pueden reflejar reorganizaciones profundas en la relación entre cuerpo, símbolo y conciencia.

Aquí entra la contribución de la Mente Damasiana. Si la conciencia emerge de la integración entre interocepción (sentir el cuerpo desde dentro) y propiocepción (sentirse en el espacio), entonces los cambios radicales de significado pueden surgir cuando ese eje corporal se reorganiza. No necesariamente porque aparezcan nuevas palabras, sino porque cambió el cuerpo que sostiene esas palabras.

¿Qué cambia exactamente en estas experiencias?

Una de las transformaciones más sofisticadas observadas en estos estados es la alteración del qualia de palabras y símbolos: el lugar donde el significado es vivido. Antes de ciertas experiencias límite, el significado tiende a ser predominantemente cortical, semántico, narrativo. Después, puede volverse encarnado: las palabras “se sienten” en el cuerpo; las emociones dejan de ser solo interpretaciones y se convierten en estados fisiológicos claros; los símbolos dejan de representar y pasan a suceder.

Esta transición puede describirse como una relocalización del locus semántico corporal. En lugar de:

palabra → memoria semántica cortical

se pasa a:

palabra → cuerpo vivido → memoria episódica encarnada

Esa idea dialoga de forma natural con enfoques neurofenomenológicos (y, en clave latinoamericana, con intuiciones donde cuerpo-territorio y cultura no se separan de la experiencia).

¿Dónde entran el EEG y el fNIRS?

Si estas transformaciones son corporificadas, surge una pregunta inevitable: ¿es posible medirlas?

La respuesta honesta es: en parte, sí.

El EEG permite observar la dinámica eléctrica del cerebro con alta resolución temporal. Cambios en estados de conciencia suelen aparecer como: (1) alteraciones en microestados, (2) variaciones en potenciales relacionados con eventos (p. ej., P300, N400), (3) reorganizaciones de coherencia funcional, y (4) cambios en ritmos alfa, theta o gamma. Por ejemplo, un trabajo con meditadores expertos en práctica de monitoreo abierto reportó diferencias en coherencia gamma frontoparietal entre expertos y novatos, mostrando cómo EEG puede capturar reorganizaciones funcionales asociadas a entrenamiento atencional. 

El fNIRS ofrece una ventana hemodinámica complementaria. Al medir variaciones en oxigenación cortical (especialmente en regiones prefrontales), permite inferir cambios vinculados a carga cognitiva, control ejecutivo, regulación (en combinación con fisiología periférica) y redistribución metabólica cortical. Además, fNIRS está ganando espacio en investigación de psicodélicos, justamente porque puede ser más viable en entornos menos restrictivos que fMRI, aunque exige enorme cuidado metodológico.

Cuando se combinan, EEG + fNIRS pueden mapear dos capas a la vez: tiempo (EEG) y metabolismo/oxigenación cortical (fNIRS). Esto es especialmente útil si tu pregunta no es “qué es la experiencia”, sino “qué cambios neurofisiológicos acompañan la reorganización del sentido y de la autorreferencia”.

Pero hay límites claros (y son parte del rigor)

A pesar del entusiasmo, es crucial reconocer: EEG y fNIRS no miden significado. Miden correlaciones fisiológicas. Ningún gráfico de EEG muestra “una iluminación”. Ningún mapa de fNIRS detecta “una experiencia espiritual”. Lo que capturan son firmas asociadas a reorganizaciones de atención, emoción, semántica y autorreferencia.

Aquí aparece el riesgo epistemológico: confundir correlación con esencia. Los estados profundos de conciencia son fenómenos de primera persona. Las tecnologías actuales capturan sombras fisiológicas de esas experiencias.

Y en fNIRS hay un punto técnico decisivo: la reproducibilidad puede variar mucho según la calidad de señal, las tuberías de análisis (pipelines) y la experiencia del investigador, además de factores como cabello/piel que afectan señal y preprocesamiento. Esto no invalida el método; solo obliga a diseñar mejor.

La ciencia depende más de la pregunta que del sensor

La misma tecnología puede generar ciencia relevante o irrelevante según la pregunta que la guíe.

Si preguntamos:
“¿Cuál es el patrón EEG de la iluminación?”
probablemente produciremos pseudociencia.

Pero si preguntamos:
“¿Cómo reorganizaciones interoceptivas alteran la semántica corporal?”
abrimos un campo legítimo.

O bien:
“¿Qué marcadores multimodales acompañan cambios duraderos en el qualia de símbolos?”
entramos en territorio fértil.

Aquí un ejemplo puente: un estudio de entrenamiento interoceptivo mostró cambios en circuitos vinculados a interocepción (p. ej., conectividad de la ínsula anterior con redes relevantes), junto con mejoras en medidas interoceptivas y síntomas. Es un modelo experimental de cómo “entrenar interocepción” puede dejar huellas medibles, aunque no “mida el significado” directamente. 

Y, en EEG, hay literatura reciente mostrando asociaciones entre meditación mindfulness y cambios espectrales globales (theta/alpha/beta) en condiciones de reposo y práctica, ilustrando cómo protocolos simples (bien controlados) pueden capturar diferencias estado/rasgo. 

Por qué esto exige flexibilidad cognitiva (política–ciencia–religión)

El mayor desafío quizá no sea técnico, sino epistemológico.

Quien investiga transformaciones profundas de conciencia inevitablemente camina en la intersección entre ciencia, cultura y religión. Ignorar cualquiera de estas dimensiones empobrece la investigación:

  • sin ciencia, caemos en dogma;

  • sin cultura, caemos en colonialismo epistemológico;

  • sin espiritualidad (entendida como dimensión humana de sentido), ignoramos un eje central de la experiencia.

Por eso se necesita una postura de rigor sin rigidez: flexibilidad cognitiva para formular preguntas que crucen fronteras sin perder método.

En América Latina, esto es aún más importante. Hay un movimiento real de consolidación y reflexión regional sobre fNIRS y sus trayectorias científicas en el continente, lo que ayuda a situar buenas prácticas, limitaciones y oportunidades desde nuestra realidad (equipos, contextos, muestras, cultura). 

Conclusión

Las experiencias profundas de conciencia no necesitan romantizarse ni descartarse. Pueden investigarse con rigor —si aceptamos sus paradojas.

EEG y fNIRS ya permiten observar fragmentos de estas transformaciones: dinámica eléctrica, oxigenación cortical, organización funcional. Pero seguimos lejos de “medir el significado” en sí.

Quizá porque el significado no es un objeto detectable, sino un proceso vivido.

Si queremos avanzar, el desafío no será solo tecnológico. Será humano: investigadores capaces de sostener múltiples lenguajes a la vez—el de los gráficos, el del cuerpo y el del sentido—y, sobre todo, capaces de formular preguntas grandes, específicas y testables en la frontera política–ciencia–religión.


Referencias (post-2021):

  1. Scholkmann, F. (2023). Psychedelics and fNIRS neuroimaging: exploring new opportunities. Neurophotonics, 10(1), 013506. 

  2. Tanaka, G. K., Russell, T. A., Bittencourt, J., Marinho, V., Teixeira, S., et al. (2022). Open monitoring meditation alters the EEG gamma coherence in expert meditators: The expert practice exhibit greater right intra-hemispheric functional coupling. Consciousness and Cognition, 102, 103354. 

  3. Guevara, E., Mesquita, R. C., & Orihuela-Espina, F. (2026). Emerging panorama of functional near-infrared spectroscopy in Latin America. Neurophotonics, 13(S1), S13002. 

  4. Sugawara, A., Katsunuma, R., Terasawa, Y., & Sekiguchi, A. (2024). Interoceptive training impacts the neural circuit of the anterior insula cortex. Translational Psychiatry, 14(1), 206.

  5. Duda, A. T., Clarke, A. R., & colaboradores. (2024). Mindfulness meditation is associated with global EEG spectral changes in theta, alpha, and beta amplitudes. International Journal of Psychophysiology, 206, 112465. 

  6. Yücel, M. A., Luke, R., Mesquita, R. C., et al. (2025). fNIRS reproducibility varies with data quality, analysis pipelines, and researcher experience. Communications Biology, 8(1), 1149. 

  7. Koning, E., Chaves, C., Kirkpatrick, R. H., & Brietzke, E. (2024). Exploring the neurobiological correlates of psilocybin-assisted psychotherapy in eating disorders: a review of potential methodologies and implications for the psychedelic study design. Journal of Eating Disorders, 12(1). 







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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States